
Historia de la prostitución en Colombia
La historia de la prostitución en Colombia está estrechamente relacionada a los procesos de urbanización y conflicto que se ha presentado en el país desde tiempos inmemoriales. Durante la época de la colonización española, la prostitución se ejercía especialmente en los puertos y en las ciudades capitales como lo eran Cartagena y Santa Fe que es la actual Bogotá. Puesto que los estándares de moralidad cristiana imperaban en aquella sociedad, esta condenaba la prostitución, pero a su vez, era permitida y ciertamente practicada en lugares específicos que estaban relacionados con “la mala vida”.
Con la llegada del siglo XX, la prostitución fue mucho notoria, especialmente en cascos urbanos como Bogotá, Medellín y Cali. Las condiciones de pobreza y la falta de oportunidades para las mujeres en las áreas rurales llevaron a muchas a migrar a las grandes ciudades y, en algunos casos, a recurrir a la prostitución como una forma de sobrevivir. A su vez, el conflicto armado en Colombia desde casi mitad del siglo pasado ha contribuido a este fenómeno, siendo causante del desplazando forzoso de miles de mujeres y niños que terminan sumergidos en el comercio sexual.
En el marco legal, una actividad permitida, pero no está del todo regulada. Esto produjo un vacío legal que deja a las trabajadoras sexuales expuestas a situaciones de vulnerabilidad y violencia. A partir de ello se crearon las denominadas “zonas de tolerancia” en ciudades como Bogotá, donde el ejercicio de la prostitución está permitido bajo algunas condiciones. Sin embargo, la falta de regulación y la estigmatización social hacen que hoy por hoy las trabajadoras sexuales no tengan acceso a derechos laborales básicos.
En los últimos años, Colombia ha atestiguado diferentes iniciativas para mejorar las condiciones de vida de las trabajadoras sexuales. A esto se le suma el apoyo de organizaciones con enfoques sociales y movimientos feministas que han intercedido por la despenalización y la correcta promoción de leyes que buscan ofrecer garantías laborales entorno al trabajo sexual, demandando condiciones laborales dignas y protección frente a la explotación y violencia. No obstante, la prostitución en Colombia sigue estando marcada por la informalidad y la inexistencia de políticas públicas contundentes.

Historia de la prostitución en el mundo
La Grande Odalisque- Dominique Ingres (1814)
En civilizaciones antiguas como Mesopotamia, Egipto y Grecia; la prostitución era reconocida y en algunos casos respetada. En Mesopotamia, por ejemplo, las sacerdotisas de los templos realizaban actos sexuales como parte de rituales religiosos, una práctica conocida como "prostitución sagrada". Esto no se consideraba inútil, sino más bien un acto asociado a la divinidad y la fertilidad.
Por otro lado, en Grecia y Roma, las cortesanas desempeñaban un papel importante en la vida social y cultural, ya que además de prestar servicios sexuales, también participaban en discusiones filosóficas y eran parte de la élite social.
Sin embargo, a medida que el cristianismo se extendió por la Europa medieval, la prostitución se consideró cada vez más un pecado grave y aunque continuó existiendo, quedó relegada a los márgenes de la sociedad. Durante este período, las mujeres que se dedicaban a la prostitución fueron perseguidas y se desarrollaron ideas de puritanismo que duraron siglos.
En el siglo XIX, la Revolución Industrial provocó cambios importantes en las ciudades y la inseguridad económica de las mujeres provocó un aumento de la prostitución urbana. En esta época, la prostitución también estaba regulada en algunas ciudades europeas y las mujeres se sometían a exámenes médicos periódicos para reducir la propagación de enfermedades venéreas, lo que creaba una clara discriminación de clase y género.
El progresismo y su auge en el siglo XX, acompañado de los derechos humanos y el feminismo, establecieron nuevas percepciones sobre la prostitución comenzaron a cambiar la forma en la que se desarrollaba este oficio en Europa, así fue como algunos movimientos feministas vieron la prostitución como una forma de explotación y opresión de las mujeres, mientras que otros la vieron como un trabajo legítimo y defendieron los derechos laborales de quienes la practicaban.
Actualmente existen diferentes modelos para regular la prostitución en todo el mundo, estos van desde la prohibición total en países como Estados Unidos excluyendo ciertos estados, a la legalización y regulación en países como Alemania y Holanda, donde su objetivo es proteger los derechos de las trabajadoras sexuales.

Historia de la Legalización de la prostitución
El salón de la Reu des Molins- Toulouse (1894)
La legalización de la prostitución es un tema que ha evolucionado a lo largo de los siglos y varía enormemente en distintas culturas y contextos históricos. Las actitudes hacia la prostitución han estado influenciadas por factores culturales, sociales, económicos y religiosos. Desde las antiguas civilizaciones que veían la prostitución como una práctica sagrada hasta los modernos movimientos por los derechos de las trabajadoras sexuales, la legalización de la prostitución es un fenómeno complejo con una historia larga y matizada.
Antigüedad y la prostitución sagrada
En las civilizaciones antiguas, como Mesopotamia, Egipto, Grecia y Roma, la prostitución era una práctica común y, en muchos casos, tenía una dimensión religiosa. En la antigua Mesopotamia, por ejemplo, la prostitución sagrada era un acto en el que las mujeres ofrecían servicios sexuales en templos como una forma de honrar a los dioses y diosas de la fertilidad, como Ishtar. La prostitución era aceptada e incluso respetada como una forma de veneración y una fuente de ingresos para los templos.
En la antigua Grecia, la prostitución era parte de la vida cotidiana. Las hetairas, un tipo de cortesana o acompañante de alto nivel, no solo ofrecían servicios sexuales, sino que también participaban en conversaciones filosóficas y artísticas, siendo respetadas en ciertos círculos de la sociedad. Roma también permitió la prostitución y la reguló en algunos casos, aunque el estatus de las trabajadoras sexuales era bajo y se les consideraba como propiedad de sus proxenetas o dueños de burdeles. Sin embargo, había ciertos controles legales, y algunos emperadores impusieron impuestos específicos sobre la prostitución.
Edad Media: Control y represión
Con el surgimiento del cristianismo y su expansión en Europa durante la Edad Media, la prostitución comenzó a ser vista como un pecado y una amenaza para la moralidad pública. La Iglesia Católica se oponía a la prostitución, y muchas ciudades europeas implementaron leyes para prohibirla o para controlar los burdeles. Sin embargo, en la práctica, la prostitución siguió existiendo y, en algunos casos, fue tolerada por las autoridades locales que permitieron la existencia de "zonas de tolerancia" donde los burdeles podían operar. Esto respondía, en parte, a la necesidad de las autoridades de prevenir delitos sexuales y, en algunos casos, de recaudar impuestos.
A finales de la Edad Media, la prostitución estaba regulada en muchas ciudades europeas. En algunas ciudades alemanas, por ejemplo, los burdeles eran supervisados y los ingresos se destinaban a proyectos comunitarios. Sin embargo, los riesgos de salud pública, especialmente con la aparición de enfermedades venéreas como la sífilis, llevaron a un aumento en los controles y, en algunos casos, a la represión de la prostitución.
Siglo XIX: Reformas y regulación
Durante el siglo XIX, la prostitución volvió a ocupar un lugar central en los debates públicos en Europa y América debido a factores como la urbanización, el crecimiento industrial y el incremento en el flujo migratorio. La práctica era cada vez más visible en las grandes ciudades y se empezó a ver como un problema social. Fue en este contexto que varios países europeos, como Francia y el Reino Unido, adoptaron sistemas de "regulación", que legalizaban y supervisaban la prostitución bajo ciertos controles.
En Francia, por ejemplo, el gobierno adoptó una política que permitía la prostitución en burdeles regulados, conocidos como "maisons closes", y exigía a las trabajadoras sexuales someterse a chequeos médicos regulares. Este sistema fue visto como una forma de limitar la propagación de enfermedades de transmisión sexual y de mantener la moral pública bajo control. Sin embargo, también generó críticas, ya que algunas mujeres fueron forzadas a trabajar en estos burdeles y carecían de derechos fundamentales. En Inglaterra, se implementaron las Actas de Enfermedades Contagiosas, que obligaban a las mujeres sospechosas de ser prostitutas a someterse a exámenes médicos, lo que generó un fuerte rechazo y llevó a movimientos para abolir estas leyes.
Siglo XX: Despenalización y movimientos por los derechos de las trabajadoras sexuales
A lo largo del siglo XX, el enfoque hacia la prostitución empezó a cambiar. Los movimientos por los derechos humanos, junto con la lucha por la igualdad de género, impulsaron una nueva perspectiva en la que las trabajadoras sexuales comenzaron a ser vistas como sujetos de derechos. En lugar de tratar la prostitución como un problema moral o de salud, algunos países adoptaron políticas de despenalización, considerando que las trabajadoras sexuales debían tener derechos legales y protección social.
En 1949, la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó la Convención para la Represión de la Trata de Personas y de la Explotación de la Prostitución Ajena, un tratado que pedía la abolición de la prostitución. Sin embargo, este enfoque encontró resistencia, especialmente en países donde las trabajadoras sexuales empezaron a organizarse y a exigir derechos laborales y de protección social.
En los Países Bajos, en 2000, el gobierno legalizó la prostitución y reguló la industria, otorgando derechos laborales a las trabajadoras sexuales y promoviendo condiciones de trabajo seguras. Suecia, por otro lado, adoptó un modelo diferente en 1999 al penalizar la compra de servicios sexuales, en lugar de la venta, con el objetivo de reducir la demanda y combatir la trata de personas. Este "modelo sueco" ha sido replicado en varios países, aunque sigue siendo un tema de debate.
Situación actual y debates
Hoy en día, la prostitución es legal y regulada en varios países, incluyendo Alemania, Nueva Zelanda, Australia y partes de Nevada en los Estados Unidos. Estos países han implementado sistemas de licencias, requisitos de salud y derechos laborales para las trabajadoras sexuales, aunque enfrentan retos en cuanto a la explotación y la trata de personas.
El debate sobre la legalización de la prostitución sigue siendo polémico. Los defensores de la legalización argumentan que regular la prostitución protege a las trabajadoras sexuales y mejora su bienestar al brindarles acceso a la salud, derechos laborales y protección legal. En cambio, los opositores creen que la legalización facilita la explotación y la trata de personas y perpetúa una industria que afecta negativamente a las mujeres en particular.

Historia del activismo en la prostitución En colombia y sus exponentes
Marcha a Versalle 05- 10 -1789 (anónimo)
Fidelia Suárez
Fidelia Suárez es una destacada activista y defensora de los derechos de las trabajadoras sexuales en América Latina. Como presidenta de la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina (AMMAR), una organización afiliada a la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA), ha trabajado incansablemente para mejorar las condiciones laborales y sociales de las mujeres que ejercen la prostitución. Suárez ha sido fundamental en la promoción de los derechos humanos y laborales de las trabajadoras sexuales, abogando por la despenalización de la prostitución y la eliminación de la violencia y discriminación hacia quienes ejercen este oficio. A través de AMMAR, ha impulsado campañas de sensibilización para generar conciencia en la sociedad y exigir políticas públicas inclusivas, que reconozcan a las trabajadoras sexuales como sujetas de derechos, con acceso a servicios de salud y protección social.
El activismo de Fidelia Suárez se centra también en la lucha contra la explotación y la trata de personas, distinguiendo entre trabajo sexual y explotación forzada. En su visión, la despenalización y regulación del trabajo sexual es clave para empoderar a las trabajadoras y reducir los riesgos asociados con la clandestinidad, como el abuso y la explotación. Suárez ha enfrentado una amplia resistencia social e institucional, pero su compromiso inquebrantable con los derechos de las trabajadoras sexuales ha sido reconocido a nivel internacional, siendo una figura crucial en la construcción de una perspectiva de derechos humanos en torno al trabajo sexual en Argentina y más allá. Su labor ha transformado la visión de muchas personas respecto a esta actividad, visibilizando los desafíos que enfrentan las trabajadoras sexuales y resaltando la importancia de su organización y empoderamiento.
El activismo por los derechos de las trabajadoras sexuales en Colombia ha sido liderado por mujeres valientes que buscan dignificar y proteger a quienes ejercen este trabajo, un grupo históricamente vulnerable. Este movimiento comenzó a tomar forma a partir de las décadas de 1980 y 1990, cuando trabajadoras sexuales y feministas se unieron para denunciar la violencia, la discriminación y la explotación que enfrentaban estas mujeres en el país. Con el tiempo, surgieron organizaciones como ASMUBULI y Plataformas, que han trabajado por el reconocimiento de derechos laborales, acceso a salud y protección contra el abuso. Estas activistas han jugado un rol crucial en visibilizar la realidad de las trabajadoras sexuales y en impulsar un enfoque de derechos humanos que defiende su autonomía y su seguridad en la sociedad colombiana
Carolina Calle
Carolina Calle es una activista colombiana reconocida por su incansable lucha en favor de los derechos de las trabajadoras sexuales. Como líder de la Fundación Plataformas, una organización con sede en Medellín, Calle ha trabajado durante años para proteger y mejorar las condiciones de vida de quienes ejercen el trabajo sexual en el país. Su labor se centra en quitar el estigma sobre esta actividad, visibilizar las problemáticas a las que se enfrentan las trabajadoras sexuales y exigir su reconocimiento como trabajadoras con derechos laborales.
Además, ha impulsado programas que buscan mejorar el acceso a servicios de salud, apoyo psicosocial y formación en derechos, promoviendo un enfoque de derechos humanos que respete la autonomía de las trabajadoras sexuales.
El activismo de Carolina Calle también se enfoca en la eliminación de la violencia y la discriminación hacia las trabajadoras sexuales en espacios públicos e institucionales. Ha liderado campañas y ha colaborado con entidades gubernamentales y no gubernamentales para desarrollar políticas que protejan a estas mujeres de la explotación, el abuso y la marginalización. Con Plataformas, Calle ha promovido el diálogo social y la capacitación para empoderar a las trabajadoras sexuales, generando espacios donde puedan expresar sus necesidades y demandas. Su liderazgo ha sido fundamental para avanzar hacia una sociedad más inclusiva en Colombia, en la que se reconozcan los derechos y la dignidad de las personas en el trabajo sexual.